Café: bondades, prejuicios y perjuicios

Viñeta chiste Quino

por Quino

Las recomendaciones tradicionales sobre limitar o prohibir el consumo de café en pacientes de riesgo deben ser revisadas, así como las creencias populares de atribuirle a esta tradicional bebida efectos adversos sobre la salud. Más vinculadas a un estilo de vida sedentario, tabaquismo, y otros elementos negativos para la salud, que a las reales propiedades del café.

El café fue probablemente cultivado por primera vez en algún lugar de la actual Etiopía, hace más de 10.000 años. Desde entonces se distribuyó por todo el mundo siguiendo las rutas comerciales de cada época. Poco debe haber variado desde su composición original y mucho se ha dicho con respecto a  este brebaje. Sus propiedades, se dice, son muy variadas y es conocido su poder para disminuir la sensación de sueño. Sus efectos sobre la salud están impregnados de tradiciones que aseguran que el café aumenta la tensión arterial y la frecuencia cardíaca, aumenta el riego de infarto y de eventos cerebro-vasculares, disminuye o aumenta la potencia sexual, provoca gastritis y problemas digestivos y aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónicas. Pocos alimentos tan antiguos gozan de tantas propiedades nunca confirmadas científicamente. Dado que el café contiene cafeína, un estimulante, su consumo no ha sido considerado como parte de un estilo de vida saludable. Sin embargo el café es una fuente de antioxidantes y otros compuestos bioactivos con efectos positivos sobre la salud.

Las enfermedades crónicas se llevan alrededor del 70% del gasto sanitario, variando de acuerdo al tipo de sistema sanitario y de población de los distintos países. De todas maneras desde la perspectiva de la salud pública es muy importante conocer los efectos del consumo del café sobre estas enfermedades, fundamentalmente en la población sana.

Hace algunos años que distintos estudios comenzaron a poner luz sobre las verdaderas propiedades del café para sorpresa de todos, fundamentalmente de la comunidad médica.

En mayo de 2002 un estudio canadiense (1) hecho a 6434 personas mayores de 65 años, sin deterioro en sus funciones cognitivas encontró, entre otras conclusiones, una relación inversa entre el consumo de café y el deterioro de las funciones mentales. De las 6434 personas que iniciaron el estudio en 1991, 4615 estaban vivas en 1996. Aquellos que consumían bebidas con alcohol (en particular vino), café diariamente y aquellos que practicaban ejercicios regularmente tuvieron menos riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer.

En marzo de 2012 un estudio alemán (2) valoró la asociación entre el consumo de café y el riesgo de padecer enfermedades crónicas, incluyendo diabetes tipo 2, infarto de miocardio, eventos vasculares cerebrales y cáncer. Se siguió la evolución durante 9 años de 43000 pacientes. El consumo de café tanto tradicional como descafeinado no se asoció con mayor riesgo de enfermedades crónicas, ni cáncer. Sí se encontró un menor riesgo de presentar diabetes tipo 2, menor aún en las personas que tomaban café descafeinado. Un beneficio que probablemente no alcance a los consumidores de café que además son fumadores (el verdadero factor de riesgo).

En mayo de 2012 un estudio norteamericano (3) examinó la relación entre el consumo de café y mortalidad en una población de casi 230.000 hombres y 174.000 mujeres de 50 a 71 años de edad seguidos desde 1995 hasta 2008. Este trabajo encontró una relación inversa entre el consumo de café y la mortalidad de cualquier causa, una vez despejado el efecto del tabaco sobre esta población. Y específicamente una menor relación de mortalidad debida a enfermedades cardíacas, respiratorias, eventos cerebro-vasculares, accidentes, diabetes e infección.

Los autores declararon no tener conflicto de intereses, lo que significa que no hay empresas patrocinadoras del estudio, ni los resultados puedan estar influidos por eventuales intensiones de lucro.

A nivel individual hay personas más sensibles que otras a los efectos del café. Pero en líneas generales es probable que recomendar dos o tres tazas de café por día ya sea tradicional o descafeinado sea más beneficioso que no beberlo, siempre que vaya acompañada de los otros componentes de un estilo de vida saludable.

FUENTES CITADAS: 

1)Linsay J, Laurin D, René V, et al. Risk Factors for Alzheimer’s Disease: A Prospective Analysis from the Canadian Study of Health and Aging. Am J Epidemiol 2002;156445-453.

2) Floegel et al. Am J Clin Nutr 2012;95:901-908

3)Freedman ND et al. N Engl J Med. 366;20:1891-